sábado, 2 de agosto de 2014

EN LA LISTA

Nació, entre grietas cortadas, entre alambres de óxido, entre voces sin bata, entre pasillos de sudor, entre vendas incompletas, entre lenguas verdes y arrastrando, inconscientemente, el peso de una piel ambigua.

Y creció, entre gateos de bala, entre baldosas grises, entre ríos de orín, entre pies curvados, entre bocas de lava, entre escamas de yeso y sorteando, con calor y sed, las frágiles paredes de barranco y hastío. 

Y maduró, con indebida presteza, con su voz tersa, con sus ojos largos, con su llanto escueto, con su pecho oscuro, con sus dientes sobrios y con la presencia, casi asfixiada, de quienes pisan la grava con los dedos limpios. 

Y estudió, asimiló, proyectó, ensoñó, encumbró, derrumbó y reconstruyó, como nadie, la estoica porfía de sus años venideros. 

Y pudo enamorarse de ella, pudo recrearse en ella, pudo conjugarse con ella, pudo arrinconarse sobre ella, pudo dormitar debajo de ella, pudo reinventarse junto a ella y pudo, desnudo o no, arrodillarse sobre la única piel que respira, aún, sin la sangre doblada del aire. 

Y quiso verse, quiso sentirse, quiso compararse, quiso educarse, quiso replicarse, quiso encadenarse, quiso sacrificarse y quiso, con sufrida flema, alargar el aliento sobre la carne de su carne. 

Y al escuchar, al sospechar, al temblar, al sortear, al abrazar, al sofocar y al masticar la imagen química que resbala sobre el televisor del mundo, supo que en su estómago, o en su pecho, o en sus piernas terminaría por germinar, como caída del cielo, la raíz roja del metal. 

Y de repente, varado en la espina del tiempo, alojado bajo el techo informe y absorto frente al nervio del ruido, un misil nominado, copulado por piedras y arropado de fuego le obligó a renacer, tras morir calmosamente, como un número más en la lista de las sombras. 

1 comentario:

  1. Muchas gracias por darnos tan buenos momentos de lectura, me encanta como escribes...

    Un abrazo

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