sábado, 9 de agosto de 2014

EL RECIPIENTE

Pieles, rostros, gemidos e hijos muertos. Piel de corteza frente a piel deshecha. Rostro de cuero frente rostro ulcerado. Gemido intestinal frente a gemido docto. Hijo muerto entre ganzúas frente a hijo muerto por mordiscos zafios. Tras haber divagado durante horas, los dos moribundos se acostaron junto al recipiente y asintieron con la cabeza. Uno de ellos, el más delgado, alargó su mano pálida, retiró la tapadera y derramó su interior entre los troncos de bambú. Ya sin vacuna y casi sin aire, animal y hombre siguieron divagando sobre pieles, rostros, gemidos e hijos muertos mientras la noche, ahora sí, diluía entre zumbidos cada uno de sus huesos.       

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