miércoles, 15 de enero de 2014

LOS DÍAS DE LA RISA.

DÍA 1.

¿De qué te ríes? De nada. ¿Es que no te ha gustado? Claro que sí, ¿por qué dices eso? Porque te estás riendo. No te equivoques, nos estamos riendo los dos. ¿Acaso no tienes confianza conmigo? ¿Confianza para qué? Confianza para decirme de qué te ríes. Acabo de correrme, sonrío porque me ha gustado y estoy a gusto. No sonríes, tú te estás riendo. ¿Estás enfadada? Enfadada no, sorprendida. ¿Estás sorprendida porque sonrío? Pienso que te ríes porque no te ha gustado. Estás exagerando. Quizá exagero porque te estás riendo. Es ridículo. ¿Ves? ¿Qué tengo que ver? Te estás riendo otra vez.


DÍA 2.

Entonces, ¿van a cancelar el seguro? Eso creo. Pero, ¿te lo han dicho? No exactamente. ¿Y qué es lo que te han dicho? Me han dicho que lo estudiarán, y si la sucursal recibe la autorización para cancelarlo, nos enviarán una carta. Hoy no has ido al banco. No lo estás diciendo en serio. Lo estoy diciendo completamente en serio, me estás mintiendo. ¿Piensas de verdad que hoy no he estado en el banco? Sí, lo pienso. ¿Y por qué iba a mentirte en algo así? No tengo ni la más remota idea, dímelo tú. ¡No te estoy mintiendo! Entonces, ¿por qué te ríes? No puedo creer que vuelvas otra vez con lo mismo. Mírame. Esto es absurdo. No es absurdo, mírame. Muy bien, te miro, ¿y ahora qué? ¡Joder, te estás riendo! No me estoy riendo. ¿Me tomas por imbécil? Está bien, está bien, pero no me río de ti, ni tampoco porque te esté mintiendo. Entonces, ¿por qué te ríes? Me río porque... porque he tenido un día muy complicado. ¿Y por eso te ríes? No, o sí, es una risa nerviosa. Muy bien, mírame otra vez y dime si has estado en el banco. Joder, lo siento. ¡Te ríes de mí! No, por favor, no pienses eso. ¿Con quién has estado? ¿Con quién he...? Sí, dime con quién has estado. No he estado con nadie, he salido del trabajo y he ido directamente al banco. ¡No lo soporto! Si me miras fijamente no puedo controlarlo. Giras la cabeza porque te estás partiendo el culo. No llores, por favor. ¿Cómo quieres que no llore si no paras de reírte? 


DÍA 3.

¿Eres consciente de o que te he dicho? Sí, desafortunadamente sí. ¿Y así es como reaccionas? Reconozco que ha sido una sorpresa. ¿Una sorpresa? Así es, no pensaba que estabais tan descontentos conmigo. Sí lo pensabas y tu sonrisa lo demuestra. No te equivoques, no estoy sonriendo. Es cierto, te estás riendo. No me estoy riendo, ¿por quién me tomas? ¿Y por quién me tomas tú a mí? Creo que nos estamos poniendo demasiado nerviosos. Este proyecto era importante, nos jugábamos el presupuesto de todo un año. Lo sé, pero todo se ha complicado. Pero, ¿de qué coño te ríes? Me río, me río de lo ridículo de la situación. Te ríes de mí. No, me río porque después de cinco años penséis que soy un incompetente. No, te ríes de mí, te estás riendo ahora mismo de mí. ¿Cómo puedes pensar que me río de ti? Estás despedido.


DÍA 4.


Así me gusta. ¿Qué es lo que le gusta? Su sentido del humor. No sé por qué lo dice, en el fondo todo esto es trágico. Lo es, pero usted no pierde la sonrisa. Créame, no es mi intención. Le recomiendo que no le mire. Tiene razón, solo dígame que no le ha pasado nada. Tranquilo, él está bien, el más perjudicado ha sido usted. ¿Le ve usted enfadado? Ahora mismo sí, por eso no debería usted mirarle. Necesito pedirle disculpas. No se preocupe, ya tendrá tiempo. Eso espero. Es usted un caso único, ¿de verdad que no le duele. Sí, claro que me duele. ¿Y por qué se ríe? No lo sé. ¿No lo sabe? No lo sé, ¿dónde está mi coche? Su coche se lo ha llevado la grúa. Quiero irme a casa. Tranquilícese, acaba de tener un accidente y le vamos a llevar al hospital. ¿Sigue ahí mi coche? Señor, de decirle que su coche se lo ha llevado la grúa. No puedo evitarlo. ¿No puede evitarlo? No. Pero, ¿de qué se ríe?


DÍA 5.

No se preocupe. Por favor, no piense que le estoy faltando el respeto. Jamás se me ocurriría pensarlo. ¿Y cuándo será? Mañana. ¿Mañana? Cuanto antes mejor. ¿Lo ve? Sí, lo veo, por eso tiene que ser mañana. Nadie me entiende. Le comprendo, pero todo acabará pronto. ¿Lo ha medido? Sí, pero es lo que menos debería de preocuparle. Ahora quiero llorar. Llore, llore usted. No digo que pueda, solo sé que quiero llorar. Lo hará, y será una buena señal. 


DÍA 6.


Vamos, no llores. Lo siento mucho. Míralo por el lado bueno, al menos uno de los dos se está riendo. Ya no te ríes, ahora estás llorando. Son los nervios. ¿Podrás perdonarme? ¿Y tú a mí? Es injusto. No, es lo que tenía que ser. Ojalá pudiera acompañarte. No, eso sería demasiado gracioso. Qué tonto eres. Lo sé, ¿me vas a esperar aquí? Por supuesto. ¿Me harías un último favor? Claro. Mira en el bolsillo de la chaqueta. ¿Izquierdo o derecho? Izquierdo. Sí, ya lo tengo, ¿qué es? Una carta. ¿De quién? Del banco. La leeré más tarde. Cógela. ya la cogeré. Seguro que se te olvida. Si se me olvida, ya estarás tú para recordármelo. 


DÍA 7.


Siento muchísimo lo ocurrido. Se lo agradezco. Yo tenía un pariente al que me pasó lo mismo. ¿Lo mismo? Sí, no podía controlarla. ¿El qué? La risa, lo tenía extendido por toda la cabeza y no lo controlaba. Comprendo. A su marido le pasaba lo mismo, ¿verdad? Por favor, dígame cuándo se hará el pago. No, lo siento, no habrá ningún pago. Pero, ¿no ha visto usted lo ocurrido? Sí señora, lo he visto y ya le he dicho que lo siento. ¡Mi marido ha muerto! Lo sé, sé que ha muerto, pero recuerdo que hace unos días vino a la sucursal. ¿Y? Pues que lo canceló, señora, él canceló el seguro, ¿no se lo dijo?




No hay comentarios:

Publicar un comentario