domingo, 3 de febrero de 2013

TRAS LA FIEBRE DEL AIRE (PARTE 2)

Las luces se apagaron de repente entre la novena y décima planta. Nos sacudió un fuerte temblor. La base del ascensor se movió de izquierda a derecha. Miré al techo y me agarré fuertemente al pasamanos. Una tibia luz nació del techo y nos iluminó a ambos. Ví su espalda. Un abrigo marrón caía hacia sus pies recortando su cintura con un giro ovalado pero muy sutil. Con su mano derecha pulsó el botón de emergencia. Repitió el gesto hasta cinco veces. Al otro lado de una línea telefónica respondió una voz de mujer. - Está usted hablando con el servicio de emergencias. - Soy Ralf Willbumrg, dijo él. Haga usted el favor de sacarme inmediatamente de aquí. - Enseguida Sr. Willbumrg. Permanecimos varios minutos en silencio. Había pegado mi espalda a la pared del ascensor y no pensaba moverla. Él no había variado su posición. Tan solo inclinó un par de veces su cabeza hacia adelante. No intercambiamos una sola palabra. Dudo, incluso, que supiese de mi existencia. Entonces sonó su teléfono. Al principio no se movió. Sus manos permanecían cruzadas. Lo supe por la posición de sus antebrazos. Luego exhaló con la nariz en dos ocasiones e introdujo la mano izquierda debajo del abrigo. - ¿Qué quieres, John? ... ahora no es un buen momento... estoy encerrado en un ascensor del bloque C ... ¿cómo dices? ... ¿una moción de...? ... ¿en una hora? ... está bien... que no cunda el pánico ... ¿ está Charles contigo? ... ¿y él que te ha dicho? ... escúchame bien, haz lo que tengas que hacer pero tienes que echar abajo ese interdicto... me importa una mierda lo que opine el Juez Ross, si prospera el interdicto no habrá caso... 235 millones de dólares... no lo olvides ni por un minuto... ¡maldita sea, busca una excepción! ... se trata de una producción química ... todo son especulaciones ... sin la acreditación de un perjuicio probable no puede prosperar el interdicto ... tenemos el informe de Phillips, con ello debería de ser suficiente... ¡pues búscame otro para dentro de una hora, joder! ... No lo dije para que me escuchara. Fue tras haber agachado la mirada. La hundí bajo la alfombra, buscando un hueco entre los pies de Willmburng. Sus zapatos de charol desprendían un reflejo diagonal alrededor del tacón. Permanecí absorto siguiendo el recorrido de aquella franja oscilante. Ni siquiera lo pensé ... pero lo dije... - Hillary contra Furton... Tribunal Supremo... Entonces Willmburng torció el cuello. Sus ojos me alumbraron como el foco que pende sobre un detenido. Aunque eran grises, percibí una marca roja cerca de sus pupilas. Una minúscula herida en forma de tangente que se hundía bajo el párpado. Me observó sin apartar el teléfono de su oreja. Luego giró el resto del tronco y elevó la barbilla. Paso su mano izquierda por la sien y luego la metió en el bolsillo del abrigo. - ¿John, sigues ahí? ... Hillary contra Furton... creo que ahí lo tienes. Colgó su teléfono y, a los pocos segundos, el ascensor dio una nueva sacudida. Las luces se encendieron de nuevo. La puerta se abrió en la décima planta. Cuando me dispuse a bajar, su mano izquierda apretó fuertemente mi pecho contra la pared. Era mi tercera semana en Willbumrg, Mcforth, Hisley y Wilton. Aquí comenzaba la página más sangrienta de mi breve carrera como abogado.

1 comentario:

  1. Que grata sorpresa!! después de estar mucho tiempo sin internet, he visto que has vuelto a escribir, como siempre muy interesante. Hay tercera parte?? pues no tardes en escribir...

    Saludos.

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