jueves, 30 de agosto de 2012

EN EL VAGÓN

En la estación de metro de Pershing Square, en Los Ángeles, un tipo sube al vagón y recorre los cinco metros de distancia que separan la puerta y la última pareja de asientos. Bob lee un ejemplar de Los Angeles Times. Cuando el tipo se sienta delante suyo, alza la vista y le observa detenidamente. Para evitar ser sorprendido lo hace de modo intermitente mientras desliza con desinterés las páginas del periódico. Lo que primero llama su atención es la gruesa cicatriz que recorre la parte izquierda de su cabeza. Lo hace desde el límite superior de su frente y tiene un recorrido aproximado de unos cuatro centímetros. Su trayectoria es serpenteante y diagonal. El flujo húmedo de sangre que atraviesa ambas cordilleras de la cicatriz rezuma un reflejo púrpura. Bob descubre dos heridas más en la cabeza del tipo. Una en la zona parietal, a escasos centímetros de su oreja izquierda y otra en el pómulo del mismo lado. Cada herida tiene un dibujo circular, con minúsculos puntos de costra concentrados en su interior. El tipo clava su mirada en el suelo del vagón. Ello permite que Bob intensifique su estudio visual. Viste una chaqueta de cuero negra dos tallas por encima de la suya. Las mangas absorben la mitad inferior de sus manos empequeñeciendo su tamaño y creando dos canales de espacio vacío a cada lado. Bajo su chaqueta  asoma una camisa gris y una corbata negra con diversos estampados de color rojo. El tipo lleva puestos unos pantalones blancos de franela con las líneas centrales de ambas perneras extraordinariamente marcadas. Bob dirige cuidadosamente su mirada hacia los pies del tipo. Calza unas zapatillas Converse de color verde. Rápidamente advierte unas manchas de sangre en la punta blanquecina de ambas zapatillas. El sujeto comienza a mover sus piernas de forma rápida y compulsa. Sus talones se elevan movidos por una cadencia acelerada. Las arrugas generadas por dicho movimiento  en la punta del calzado hacen que la sangre concentrada se deslice lentamente hacia sus bordes laterales. La humedad circulante y movediza de ésta delata su origen reciente. Bob abre sus ojos y arquea las cejas sorprendido. Eleva lentamente la mirada y se detiene en el nudo de la corbata. Minúsculo, casi inapreciable entre las solapas sucias y acartonadas del cuello de la camisa. En ese momento, el tipo agacha repentinamente su cabeza. Las miradas de ambos se enfrentan a menos de un metro de distancia. Bob intenta desviar su punto de atención pero algo se lo impide. Ahora el tipo le observa de modo desafiante. El reflejo fulgente de sus pupilas resulta abrasivo. Bob inclina la cabeza hacia atrás. Su cuello choca con la barra metálica que cerca la línea superior del asiento. Bob acusa el golpe y gira rápidamente su cabeza hacia atrás. Eleva su mano izquierda y frota con suavidad la porción inferior de su nuca. Cuando Bob endereza de nuevo la posición de su cabeza, el tipo continua observándole con extrema fijeza. De forma inesperada, éste sonríe. Primero abre sus gruesos y extensos labios con lentitud. Bob advierte que el tipo le falta un diente en la mitad izquierda de la línea superior. Transcurridos unos segundos, la barbilla del tipo comienza a moverse de un lado a otro. De su boca sale una carcajada violenta y profunda. Un severo silencio se apodera del vagón. La carcajada se repite, esta vez con más fuerza. Aquel ruido de caverna golpea contra el aire espeso del vagón hinchando su potencia. Bob desplaza su mirada hacia la pared lateral del vagón más próxima a su posición. Toda ella está ocupada por viajeros que permanecen de pie aparentemente ajenos a la escena. El tren se detiene en la estación de Metro Center. Las puertas del vagón se abren. Con el tren detenido, el tipo inclina ligeramente el tronco hacia adelante. La distancia que le separa con Bob es prácticamente inexistente. Ya no sonríe. Bob observa que el tipo ha comenzado a sudar. Pequeños canales de agua se cruzan desordenadamente alrededor de su frente. Ahora Bob repara en su nariz. Sus dos orificios laten repetidamente al ritmo del tren. En un momento en el que los rostros de Bob y del tipo casi rozan sus contornos, éste último introduce su mano izquierda en uno de los bolsillos de la chaqueta. Bob, de modo inconsciente, clava su mirada en ese punto y comprueba que un enorme bulto sobresale hacia el exterior. El tipo comienza a resoplar. A tan escasa distancia, Bob siente en sus mejillas el aire sucio y pestilente de aquella nariz volcánica. El tipo encoge sus ojos e incrementa la velocidad del bufido. Con la boca cerrada y los labios invertidos hacia adentro, emite un sonido arenoso con su garganta. Bob le observa hipnotizado mientras estruja con fuerza los bordes laterales del periódico. La mano izquierda del tipo saca del bolsillo un objeto negro con forma cuadrangular. Alrededor del mismo, Bob advierte un cable raído del mismo color. Una varilla de trazo semicircular con dos pequeñas esponjas en sus extremos pende del aire mientras el tipo eleva con lentitud el objeto. Bob comprueba que dicho objeto es un walkman. El tipo relaja el rostro y ríe. Desplaza su cuerpo hacia el respaldo del asiento y comienza a golpearlo con su espalda como si le hubieran inyectado una descarga de hilaridad. Bob inspira lentamente. El tipo se coloca los auriculares y abre la tapa frontal del aparato.  De su interior extrae una cinta de cassette. Aunque Bob lo intenta, desde su posición no puede ver las letras grabadas entre los dos orificios por los que circula la bobina. El tipo cambia la posición del cassette una y otra vez. Ríe desenfrenadamente. Tras un par de minutos, cierra la cubierta del walkman y pulsa un botón. En ese momento agacha la mirada hacia el aparato. Lo observa. Luego lo voltea lentamente con las dos manos. En ese momento cierra los ojos y comienza a hablar. Lo hace solo. Bob se esfuerza por entender el contenido de sus palabras. Le resulta imposible porque el sonido es un amasijo amorfo de sílabas y ruido. El tren se detiene en la estación de Metro Center. Bob advierte que no de los ocupantes de la pared del vagón se ha bajado en esa estación. Movido por un impulso eléctrico, Bob cierra el periódico, lo dobla por la mitad, lo alinea con su carpeta marrón y, sosteniendo ambos con el interior de su mano derecha se levanta del asiento. Tras ocupar el espacio vacío dejado por el anterior pasajero y disimular levemente observando el fondo del vagón, Bob regresa su mirada hacia la posición del tipo. Éste ha parado de conversar consigo mismo y le observa. Su mirada es, de nuevo, agresiva y desafiante. Su ojo izquierdo permanece cerrado en un intento por vigorizar la virulencia calcinante del derecho. En esa misma posición, el tipo mueve durante dos segundos los labios. Después, junta las piernas y apoya el walkman entre el surco alargado formado por ambas. Dobla su cuerpo en posición diagonal a asiento apuntando directamente hacia Bob. Eleva lentamente la mano izquierda. Cuando la misma se encuentra a la altura de la cabeza, con la palma golpea fuertemente su sien. El sonido del impacto se expande por todo el vagón. El tipo lo repite por segunda vez. Bob escucha el crujido de la varilla que sostiene los auriculares. El golpe se repite hasta en diez ocasiones. En todas ellas, el tipo mantiene su mirada desafiante sobre Bob. La herida que presenta en el lado occipital comienza a sangrar. Así mismo, del contorno superior de su oreja izquierda nace una pequeña brecha que se ensancha por momentos. El tipo gruñe poderosamente golpea su cabeza. Ahora todo el vagón le observa a él y a Bob. 

El tren llega a la estación de Westlake. Un gran número de pasajeros abandona el vagón. Entre el tumulto de la salida, Bob advierte que el tipo se ha levantado disponiéndose a salir del vagón. En ese momento, repara en un detalle que había pasado desapercibido: mientras el tipo agarra con una mano el walkman, con la otra sostiene una carpeta azul con un dibujo impreso en su parte central. Cuando el tipo ya se encuentra en el andén, Bob decide abandonar el vagón. Ahora se encuentra de espaldas al tipo. Éste recorre hacia unos bancos metálicos situados en el centro del andén. Se sienta. Bob tiene nuevamente frente a sí el rostro del tipo. Lo observa de nuevo. Abre la carpeta que sostiene entre sus manos y mira en su interior. Alza la vista y la devuelve al interior de la cartera. Tras repetir ese gesto durante seis veces, Bob se acerca a la posición del tipo. Lo hace con paso decidido. Cuando se encuentra a su altura, le dice:

- Disculpa, ¿Daniell?.

El tipo, con el rostro extraordinariamente relajado, gira la cabeza y observa a Bob.

- Eres Daniell, ¿verdad?.

El tipo asiente con una ligera sonrisa mientras se quita los auriculares y deja el walkman y su carpeta en el asiento vacío situado a su derecha.

- Al principio no te había reconocido, pero al ver tu carpeta, he sabido quién eras. Tengo que decirte que me has impresionado. Eres jodidamente bueno. Me has dado mucho miedo, y eso es difícil ¿sabes?. Frank intentó convencerme de que eras la persona idónea para el papel y no le hice demasiado caso. Me hizo ver que cambiaría de opinión y me envió tu foto. Me explicó que en la Academia hacíais ejercicios de interpretación como el de ahora y, de hecho, me avisó de que estuviera preparado. Se ha propuesto por todos los medios que te contrate. Y, sinceramente, lo ha conseguido. Ha sido impresionante. Mira tu cicatriz, la sangre de las zapatillas. Parece que acabas de matar a alguien. Sinceramente, estoy alucinado. Deduzco que no tienes agente. Tranquilo, eso no es un problema. Pero necesito que te pases por mi oficina antes del viernes. Ésta es mi tarjeta. Si no me localizas, habla con mi secretaria. Pero no dejes de hacerlo porque los ensayos empiezan en diez días. 

Bob alarga la mano frente a Daniell con la tarjeta entre los dedos. Éste la coge. Con el dedo pulgar de la mano derecha acaricia el relieve con el nombre de Bob que figura impreso. 

- Oye, tengo que irme, no te olvides de llamarme.

Justo antes de que Bob de media vuelta, Daniell coge nuevamente los auriculares y los coloca alrededor de su cabeza. Se levanta del asiento y se acerca a Bob. A tan solo dos centímetros de distancia Daniell introduce la tarjeta en su boca con ambos lados laterales en posición vertical. Aprieta la boca. Bob observa que la tarjeta se dobla con lentitud, provocando dos incisiones entre el centro de ambos labios. Cuando Daniell ha conseguido doblar la tarjeta con su boca, introduce el resto en su interior y comienza a masticarla. A continuación, desliza los restos por el interior de su garganta. Bob puede ver el trazo ascendente de la nuez de Daniell al tragar. Después, expulsa una carcajada tan sonora y grave que las paredes de cemento del andén retumban como una tambor gigante. Daniell deja de sonreir. Encoge sus ojos, resopla con fuerza y con la mano izquierda comienza a golpear nuevamente su sien. Las heridas de Daniell rebrotan con fuerza. Bob siente que una gota de sangre roza el extremo interior de su pómulo derecho. Se encuentra tan paralizado que ni siquiera hace un intento por limpiar su rostro. Daniell da dos pasos hacia atrás. Lanza un nuevo grito que se confunde con la entrada en el andén de un nuevo tren. Se abren las puertas y Daniell entra en su interior recorriendo la distancia entre la puerta y la última pareja de asientos del vagón. Un tipo que lee un ejemplar de Los Angeles Times alza la vista y le observa detenidamente. 


1 comentario:

  1. Muy interesante, me encanta como escribes!!eres espontaneo, haciendo llegar al corazón de todo aquel que lo lee.

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